Entre el cosmos y el fracking: una entrevista a Giovanna Rivero
ENTREVISTAS
Gonzalo Selva
9/11/202610 min read


¿Cómo y cuándo nace Alma Obscura del Alba? Y, si es una decisión, ¿cuando decidís escribir esta novela y no otra?
Me gusta la diferenciación de escribir esta y no otra, porque siempre hay muchas ideas, o por lo menos un par, que a uno lo atormentan y que van exigiendo su turno de escritura.
Efectivamente, decidí darle prioridad a esta idea por dos motivos. Primero, porque ya desde hace varios años empezó a llamarme muchísimo la atención -supongo que por la emergencia de los fascismos estadounidenses, sus supremacismos- esta realidad no siempre conversada en la charla pública de un estadounidense que vive en reservas, o que pertenece a reservas aunque viva en otras partes, que cargan en su subjetividad esta idea de que su primera identidad está circunscrita a estos espacios que la colonización blanca originó en esta parte del continente americano; y cómo esta pertenencia a esos lugares ha generado algunos determinismos difíciles de romper, porque el sistema no se presta a que las reserva rompa sus moldes.
Entonces empecé a investigar mucho. Los índices, por ejemplo, alcoholismo, suicidio juvenil, desaparición de mujeres por diversos motivos (tanto por feminicidios como porque se van de la reserva y se pierde su rumbo). Toda esa realidad que parece tan distópica empezó a convocarme. Y cuando una idea se instala así en mis preocupaciones, en mis sueños, en mis deseos, mi única respuesta es la escritura. Ese fue un factor muy fuerte.
Y el otro, por el modo en que articulé la novela, es que tengo otra novela muy anterior titulada Noventa y ocho segundos sin sombra en la que la protagonista es una adolescente que es cooptada por un gurú onda new age, pero en los 80s, con la promesa de que van a partir hacia Ganímedes. Recuerdo una lectora joven, en un club de lectura sobre esa otra novela, que me hizo un reclamo muy airado: me dijo que ella se había entregado tanto a esa lectura, y de pronto yo no le ofrecía una respuesta cerrada sobre lo que había ocurrido con los deseos de esa protagonista. Se me quedó reverberando el anhelo de esa lectora y quería de algún modo solucionar eso que quedó en incógnita. Quizás con esa misma protagonista, pero más crecida, en otro contexto cultural, con otra existencia. Ver hasta dónde llegaba ese anhelo de otros mundos, de mundos cósmicos.
Entonces, en esta novela decidí trenzar esas dos pulsiones de escritura.
Vuelvo a esto que mencionás de la vida en las reservas, y me parece una de las cosas más interesantes de la novela. Creo que evita, con éxito, tener una imagen museística de las comunidades nativoamericanas. Red Hill no aparece como un espacio detenido en el pasado, sino como una comunidad atravesada por problemas muy contemporáneos: mencionabas el alcoholismo, el suicidio juvenil, femicidios.
Pero, al mismo tiempo, vos llegás a ese universo desde afuera: si bien vivís en Estados Unidos hace muchos años, sos boliviana, y de hecho Red Hill es una reserva ficticia.
¿Cómo pensaste esa distancia a la hora de escribir? ¿Cómo fue el proceso de investigación? ¿Cómo fue representar una experiencia que existe, pero que no era la tuya?
Uno de los reparos que yo tenía para entregarme a esta escritura era justamente ser consciente de que soy extranjera, de que soy boliviana, y además coincidió la emergencia de este deseo, de que la idea fuera tomando forma, con un énfasis que hubo hace poquitos años sobre los apropiacionismos y los extractivismos culturales. Entonces me autocensuraba y decía: ¿con qué derecho voy a escribir sobre una realidad que nunca ha sido la mía? Aunque toda experiencia humana nos pertenece a todos. Lo humano nos pertenece, y aunque yo no haya vivido en una reserva, puedo de alguna manera sentir esa asfixia que se puede llegar a sentir cuando te dicen: "tu pertenencia concluye aquí, y los derechos acaban en este lugar".
Entonces yo, que soy de provincia en Bolivia, durante mi infancia y mi juventud experimenté ese aislamiento, ese sentirme periférica, y sentir que todo lo importante ocurría en otro lugar. Que mi pueblo estaba en la prehistoria de la humanidad. Y desde esa empatía empecé a investigar para poder recrear una reserva que es ficticia, pero que evoca las realidades de las reservas nativoamericanas. Empecé a mirar reportajes, películas, a leer libros -no solo libros sociológicos, sino también ficción-. Me interesaba mucho cómo un escritor o una escritora que perteneciera a una de estas naciones podía contarme su mundo.
Entonces, al conectar con ciertas sensibilidades y con una ironía que atraviesa a estas personas -por ejemplo, hay un escritor estadounidense de una reserva nativoamericana, Tommy Orange, y Tommy Orange tiene una colección de cuentos en la que se puede sentir la ironía, el reírse de la propia realidad, de la propia idiosincrasia, del ser consciente de que, aunque de pronto pudieras pactar con ese otro mundo y asumir la cultura del afuera y casarte, por ejemplo, con alguien que no pertenece a una reserva nativoamericana, siempre va a haber algo, un ángulo de la visión del mundo, del universo, de la existencia, que es muy tuyo. Que pertenece a esa hermandad cerrada de las reservas-. Y me interesó mucho indagar en esa forma de los afectos, en la manera de mirar el paisaje, ¿no? Que el paisaje tiene tanta importancia para esta subjetividad, porque el paisaje es el límite. El paisaje te dice: "hasta aquí te pertenezco". Entonces, para poder recrear este mundo donde están mis personajes, primero intenté entender cómo se había dado todo ese sistema de injusticias, ¿no? Y cómo también hay un elemento muy autodestructivo en una parte significativa de esa población.
En la novela hay muchos momentos donde choca algo muy antiguo, o algo directamente sin tiempo, con algo muy actual. Pienso en el Gran Espíritu y Great Horizon, los seres cósmicos que abducen a Alma y la terapia por Zoom, o el fracking. ¿Cómo creés que se relacionan estas cosas? ¿Qué te interesaba de tocar problemáticas tan actuales en ese contexto particular?
Fue una decisión narrativa muy consciente. Alma tiene toda esta historia de abducción extraterrestre que es difícil de creer, ella pasa por muchos momentos de sentirse como la loca del río, porque realmente tiene un relato que rompe la lógica de los pactos modernos.
Entonces yo quería que, de algún modo, ese mundo que parece antiguo o atemporal, fuera un correlato de esta historia de Alma que ha sucedido en el cosmos, donde el tiempo es otro, donde la física -y la física cuántica también- nos dice que esa linealidad humana que nos sostiene, que sostiene nuestra historia y nuestras intrahistorias pequeñas, no funciona en gran parte para el cosmos, que se mide con otras variables, con otros vectores.
Y entonces quería que, de algún modo, esa mirada cósmica donde el tiempo se hace otra cosa, otra materia, se tradujera dentro de la novela con estas fábulas. Por eso hay mucha insistencia en el género de la fábula dentro de la novela. Porque la fábula, como género literario y género didáctico, se sale del tiempo sostenido en lo moderno, en el presentismo. La fábula siempre se va a desprender, se va a desdoblar para decirnos que es una fábula porque es un mito, funciona siempre, es como un molde abierto. Entonces quería jugar también con esta posibilidad de la fábula como un tiempo fabuloso capaz de albergar cualquier historia.
Hay algo que atraviesa a casi todos los personajes del libro: el presente parece estar constantemente intervenido por algo que ocurrió antes y que no termina de poder verbalizarse. La madre de Russell, la relación de Alma con su padre y su hermana, la historia de Willa, Enola… Me preguntaba si tiene que ver con una concepción deliberadamente psicoanalítica de los personajes. ¿Fue una decisión a la hora de construirlos que casi todos estuvieran atravesados por algo que no pueden terminar de decir?
Tengo una debilidad incurable por el psicoanálisis. Me habría encantado estudiar eso, pero no lo hice, entonces mi forma de jugar con un conocimiento que no poseo, pero que me atrae profundamente, es la literatura. No es el primer libro que tiene la presencia de un personaje que es psicóloga o psicólogo, o que tiene esta mirada de ver los pliegues de una personalidad.
En mi libro de cuentos Tierra fresca de su tumba también hay una psicóloga muy atormentada; en otra novela, Las camaleonas, la presencia de esa interlocución psiquiátrica es importante. Es como una tentación que haya una suerte de mediumnidad desde la ciencia de la psiquis. Que haya este otro capaz de interpretar el misterio personal, porque para nosotros mismos hay siempre una zona de misterio que necesita profundamente de esa interlocución.
En esta novela, más que en ninguna otra, para mí era fundamental que ese delirio de Alma tuviera un feedback, una suerte de contraposición, de indagación y también de contraste, de decir hasta qué punto tu relato humano rompe lo humano, o si siempre va a ser humano, incluso en el delirio más absoluto. Entonces sí, fue tanto una decisión consciente como una tentación en la que caigo una y otra vez.
La narración del libro va variando de registro capítulo a capítulo. Si bien la protagonista es indudablemente Alma, hay capítulos solo centrados en Russel, en Willa. Capítulos en inglés. Narrados en primera persona. Desde el punto de vista del ciervo. Testimonios en una radio. ¿Qué busqueda hay en eso? ¿Es algo que ya tenías claro que querías hacer antes de empezar a escribir o surgió en el proceso?
Si bien no quería entregarme a un perspectivismo, porque no es una novela coral estrictamente, sí me interesaba que, como dije antes, el género de la fábula estuviera muy connotado todo el tiempo. Pero también me interesaba esta noción que tienen algunos personajes de que hay otra cosa que los está narrando. En el caso de Alma es quien más claro lo tiene, porque siente que la observan, que nunca está realmente a solas. Hay una suerte de psicosis de un voyeur permanente que la sigue.
Por otra parte está Russell, con esta alusión constante al Gran Espíritu, esta divinidad de la reserva de los Sin Huella es quien también está a cargo de narrar la historia de esa cultura. Los personajes están a cargo de sus vidas hasta cierto punto, porque siempre sienten, en la piel, sobre la cabeza, que hay otra cosa que los está narrando, otra inteligencia, u otra voluntad, o tal vez otra fatalidad, de la que no están realmente tan a cargo. Por eso decidí que el foco, el registro, cambiara en varios capítulos, porque es un poco decir: bueno, aquí están los narradores de estas historias, estas inteligencias que aparecen y que desvían a los personajes. Es un poco también como un antiguo deseo de tragedia griega, donde hay una voluntad de narración superior que interviene. También por eso, por ejemplo, en el capítulo de Huila -que es el capítulo más testimonial- quería también hacer mi pequeña honra a la tragedia griega, a que nunca es perfecto ese crimen, y a la vez sí es perfecto para la fatalidad, porque no había cómo escapar de la fatalidad.
Por último -y quiero ver si coincidís acá- creo que tenemos una idea de lo fantástico donde el fantástico es algo que viene a romper con una normalidad preestablecida. Creo que en la mayor parte del tiempo en la trama el fantástico es la realidad y la normalidad en la novela, y casi nadie lo cuestiona, simplemente accionan en base a eso. ¿Crees que esto es así? Y en base a eso, ¿en qué género o que tradición crees que se inscribe tu escritura? ¿Cómo funcionaron las influencias o en qué te apoyabas a la hora de escribir?
Alma Oscura del Alba es una novela donde, así como habíamos dicho, hay una inteligencia más grande que está narrando a los personajes y ellos no lo saben. Y no me refiero a mí como narradora, sino a este dispositivo que los narra internamente. Pero, por otra parte, está su enunciación, esta discursividad que cuenta sus vidas. Entonces ellos no cuestionan lo que les ha ocurrido porque es su relato, y en ese sentido no hay que cuestionarlo, porque si alguien viene y te dice que se apareció el espíritu de su tatarabuelo en el baño, vos podés cuestionarlo, pero si esa persona que te lo está contando no lo cuestiona, no te queda otra que entrar en ese pacto testimonial. Y eso es un poco lo que pasa en la novela, cada personaje tiene su testimonio de lo que le ha ocurrido en su vida, y entonces, desde la posición lectora, para mí es respetar este testimonio. Si Alma dice que así le ocurrió, me toca lidiar con esa enunciación; y si Russell dice que así le ocurrió, también me toca lidiar con eso. No voy a jugar con esas verdades, sino más bien a ponerlas en conversación. Mi tarea como narradora fue justamente poner en conversación estas dimensiones testimoniales de los personajes.
No era de mi interés, en esta novela, jugar con el efectismo de "aquí es donde lo fantástico va a romper la realidad y va a haber un personaje que cuestione, que dude, y que genere una disonancia lectora”. No quería jugar en este caso con ese tipo de efectos. Quería más bien que mi intervención como narradora fuera un acto de fe, que es lo que necesitaban mis personajes.
Además de la investigación que hice para esta novela, las influencias fueron un poco de todo. Todo lo que me acompaña siempre y a lo que regreso. Por ejemplo, cuando precisamente la noción de lo inverosímil, me amenazaba advirtiéndome: "tu novela es una locura y no le va a gustar a nadie", entonces me leía un cuento de Clarice Lispector, y al ingresar a ese mundo donde ella no pide permiso para imponernos su delirio, siguiendo esa estela, yo también me daba permisos importantes, para que los animales, los objetos, todo, tuviera la agencia que me reclamaba. Diría que un faro importante durante esta escritura fue Clarice Lispector.
También José Donoso, con esa galería de monstruos, y ensayos -por ejemplo, el informe sobre la esquizofrenia- me ayudó muchísimo, porque la esquizofrenia, si bien es una enfermedad, un trastorno muy doloroso, también es como un desafío para los relatos monotemáticos del mundo.
Soy muy omnívora: una poesía me servía también. Lo que me revelaba un poema, por ejemplo, de Rainer María Rilke, que fue fundamental para mí, poder ver esa conversación que establece Rainer María Rilke con Dios, qué es Dios en la poesía de él. Bebí de muchas fuentes para ir dándome aliento y permisos.
GIROS
Giros nace a comienzos de 2021, cuando la primera etapa de una joven cuarentena ya había pasado y sólo quedaba la incertidumbre de ver el mundo desde nuestras pantallas, un mundo en el que todo tenía una fecha de vencimiento cada vez más corta. Con la convicción contraria de la inmediatez y a partir de las obras de artistas sin los contactos necesarios para participar en los grandes medios, Giros publica su primera edición en febrero de ese mismo año.
Fundada por Gonzalo Selva (estudiante de cine), a los pocos meses se incorporan al equipo Joaquín Montico Dipaul (oriundo de Ingeniero White) y Gala Semich Álvarez (Licenciada en Letras).
Después de un año y medio Giros construye una comunidad y brinda la posibilidad a escritores, periodistas, ilustradores, poetas, fotógrafos de publicar sus primeras (segundas, terceras y cuartas) obras.
Giros busca ser un espacio para todo aquel que tenga algo para decir o mostrar.
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