La vez que Taylor Swift escribió una letra de Homero Manzi
ENSAYO
Eugenia Vidal
2/25/20265 min read
Por: Eugenia Vidal
Platense, tripera y fácilmente sentimental. Traductora de inglés hija de la Facultad de Humanidades de la UNLP . También, estudiante de danza contemporánea y bailarina de tango aficionada, habitué de la mítica milonga platense de los martes: Raúl Gaggiotti. Su biblioteca consiste mayormente en libros prestados de literatura, historia y tango que aún no ha devuelto. Sus referentes literarios son Borges, Manzi y Venturini y milita los aforismos de Ernesto Esteban Etchenique. Situación sentimental: zurda de sensibilidad peronista. Sus grandes amores son La Plata, la danza y la bici.


cardigan es el Che, bandoneón de Taylor. O bueno, algo así.
El sencillo de Taylor podría parecer, en una primera y distraída escucha, otra canción de amor más. Y está bien, ese nivel de análisis funciona y a la crítica y a los detractores de Taylor les sirve (sobre el extraño goce que les genera decir a mí no me gusta Taylor se podría escribir un libro). Los elementos para esta lectura están: la chica enamorada, el recuerdo del primer amor, el varón que la defrauda, la elección de escribir en primera y segunda persona para que la doncella le hable a su amado, le narre su historia, lo interpele, etc. Ahora bien, quedarnos ahí implicaría subestimar a Taylor, creer que es una mujer que escribe de amor y ya, con ese desdén tan amargo y patriarcal al que estamos acostumbradas todas las mujeres que escribimos de amor. Y como Taylor sabía que iba a ser subestimada y precisamente porque no debe ser subestimada, acompañó su canción de un video musical que evidencia el verdadero carácter de cardigan: un himno a la relación de la artista con su arte.
cardigan comienza con una enumeración que recuerda a las de Silbando y Sobre el pucho de González Castillo o, para seguir en la misma línea de la tesis, las de Sur o Barrio de tango de Manzi:
vintage tee, brand new phone
high heels on cobblestones
when you are young, they assume you know nothing
sequin smile, black lipstick
sensual politics
when you are young, they assume you know nothing
Ya desde esta primera estrofa, Taylor le otorga el rol protagónico a la mirada femenina. Las alusiones a lo sonoro (tacos sobre el empedrado, imagen enfatizada por la utilización de ese mismo sonido como apertura de la canción) y las rimas y aliteraciones remiten, además, a la segunda protagonista de la historia: la música. En vez del barrio (aunque sin alejarse mucho: aquí menciona los adoquines y, más adelante, los faroles y también el porche, el zaguán de los yanquis), Taylor nos pinta con destreza un retrato de la juventud e ingenuidad femeninas, el equilibrio entre la niña y la mujer, la tensión entre la sencillez e inocencia de un corazón virgen y la sensualidad y el misterio de un mundo que se abre ante la curiosidad del amor. Y esta voz femenina lanza una clara denuncia: cuando sos joven, dan por sentado que no sabés nada.
Luego, en el estribillo, Taylor se refiere por primera vez a un otro en segunda persona que, sin embargo, nunca es nombrado más allá de los pronombres personales y los adjetivos posesivos (you/your). El estribillo va variando en cada repetición y es el mismo motivo que retoma en el interludio, por lo que no voy a citar ni analizar verso por verso (¿quedará para otra ocasión?), aunque quizás la poesía más sublime del tema se encuentra allí. Algunas de las imágenes que aparecen en estas secciones parecieran indicar que este you es un amante (dancing in your levi’s; hand under my sweatshirt; i knew you'd miss me once the thrill expired / and you'd be standin' in my front porch light), pero otras desplazan la referencia a un espacio más abstracto. Entonces, ¿a quién le canta esta joven enamorada?
La respuesta la dio Manzi, más de 70 años atrás: El duende de tu son, che bandoneón… Taylor, o mejor dicho, Taylor a través del i de cardigan, le canta a la canción y narra y describe su relación con la música, las idas y vueltas, los encuentros y desencuentros, los recuerdos del primer contacto idealizado por la memoria y la realidad opaca y cotidiana de las frustraciones, los reclamos, el desgaste de los años que aun así la encuentran eligiendo, una y otra vez, a ese primer amor (tal vez único amor, verdadero amor, amor verdadero): el arte.
El discurso del amor romántico nos enseña a las mujeres a buscar a nuestro príncipe azul, nuestra media naranja, el indicado (Taylor también escribe un tema reflexionando sobre esta idea: the one) y en esa búsqueda nos perdemos y destruimos, salimos irremediablemente heridas y amputadas. En cardigan, Taylor encuentra otra respuesta para ese para siempre utópico: es posible ser una mujer romántica si se es mujer artista. Y esto podrá parecer insignificante al lado de la hazaña de Manzi y el legado del tango, pero creo que la relación de las mujeres con el amor romántico merece ese protagonismo (como lo han demostrado tantísimas artistas: Plath, Storni, Pizarnik, del Rey, etc.).
Desde esta segunda lectura, vale la pena detenerse en imágenes como playing hide-and-seek and / giving me your weekends (la artista que juega a las escondidas con su obra, que se le presenta como incógnita y la obliga a la búsqueda, el rol activo del arte que se acerca a la artista, le dedica tiempo, va al encuentro; en la tinta de Manzi: Bandoneón, / para qué nombrarla tanto, / no ves que está de olvido el corazón), your heartbeat on the high line / once in 20 lifetimes (la música pulsando en la calle, la vivencia del verdadero amor que solo se da una vez en 20 vidas; Tu canto es el amor que no se dio / y el cielo que soñamos una vez), you drew stars around my scars / but now i'm bleedin’ (el arte que se apiada del dolor de los demás,/ y al estrujar tu fueye dormilón / se arrima al corazón que sufre más; la artista que aun así siente: Y esas ganas tremendas de llorar / que a veces nos inundan sin razón…) y la que quizás es la más bella, genuina y vulnerable de todas: and I knew you'd come back to me (copa a copa, pena a pena, tango a tango, es la música la que regresa a la artista, la que vuelve a abrazarla una y otra vez).
En Che, bandoneón, la imposibilidad del amor y el olvido son la excusa para dedicarle un tango al tango y Manzi logra así, con su sensibilidad perfectamente afinada, reivindicar la identidad y el misterio. De manera similar, en cardigan, Taylor sintetiza la experiencia de ser mujer artista y reivindica la experiencia amorosa como experiencia artística, pero también la experiencia artística como experiencia amorosa: le dedica una canción de amor al amor por la canción.
Una pintada platense, cerca del Colegio Nacional, dice algo así como sólo la música nos permitirá resistir. Creo que funciona bien como subtítulo de cardigan.
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