Las tres formas del vacío

NARRATIVA

7/19/20264 min read

Por: Pedro Mieles Cantos

Poeta y narrador, nacido en Guayaquil, Ecuador. Tiene 29 años. Actualmente vive en New Jersey, Estados Unidos. Algunos de sus textos han sido publicados en diferentes revistas digitales e impresas en México, España y Estados Unidos. Fue finalista en el Emerging writer fellowships miami book fair 2022, Tercer lugar en el 10mo Concurso de cuento y poesía de ciencia ficción “José María Mendiola” – Categoría Poesía, México, 2023 y posee otros galardones. Su primera novela fue publicada en el año 2025 por la editorial After The Storm, El paso, Texas, Estados Unidos.

I

Martes. La luz de la tarde. Todo parece sepia. Por la ventana, la estatua de cristo redentor. La noche anterior la muchacha de cola de caballo, asustada, te gritó sobre un asesinato, a pocos pies debajo del departamento. Pero hoy ella ya no se encuentra a tu lado. El humo de incienso cubre tu cuarto. Toda historia comienza con el abandono de algo -o de alguien-. La ciudad está vacía. Ni un alma pasea por las calles. La sangre no se encuentra ahí, en la esquina donde la muchacha con cola de caballo señalaba la noche anterior. Los disparos. El grito. Las luces de las patrullas alejándose sin piedad. Un cuerpo que cae dentro de la oscura noche alumbrado por las luces anaranjadas de los faroles que tiritan como el azar. Una escena de muerte más bien invisible. Registras la hora: 4 P.M. Te levantas de la cama. Sales a inspeccionar. El lugar huele a oxidado. A hierro. A presagios. Una escena cálida. La libreta donde escribes los acontecimientos parece helada, o más bien, vacía -es igual-. El periódico del Kiosko muestra un encabezado: «Muchacho baleado frente a la tienda “Quijote”». El crimen entonces más real que una pesadilla. Nada que hacer. Nada que discutir. Tan solo observar la fotografía del cuerpo ensangrentado y violentamente acribillado de un desconocido. La crueldad plasmada en una imagen brutalmente estática. Una muchacha desconocida, de ojos pardos y cabello castaño te toma de la mano por sorpresa, mientras también se queda petrificada observando el encabezado de la muerte del muchacho desconocido. Guayaquil no tiene pasado. Solo vive el presente. Mañana todo será olvidado y un nuevo encabezado aparecerá con otra trágica nota. La historia se vuelve borrosa. El día pálido. Oscuro. La luz más bien plateada y azul, lo cubre todo, y extrañamente, hace mucho frío.

II

Cae la noche. La ciudad está desierta. Una repetición. No hay nada que hacer, ni a dónde ir. La muchacha se ha ido luego de escuchar los disparos, ocho pisos debajo de aquí. La estatua de dios. Los ojos de dios. Al otro lado del mundo alguien desconocido también observa la muerte del otro. La madrugada no deja que duermas. Mucho que hacer y poco tiempo. Cuatro días atrás fue el cadáver de un presentador de televisión, asesinado por la mañana. Una amenaza el día antes y de incógnito por la noche. El sonido también es un lenguaje que se funge con la carne. La imagen retorcida de lo desconocido que se recrea frente a ti. La escena es de un niño no menos de catorce años entrando por las puertas de un hotel de la mano de un hombre alto y rubio y sonriente. Una pareja se deshace en el ocaso de la noche que también es la luz de la luna fundiéndose sobre el mar. El sol asciende y ya es de día. El encabezado del periódico local dice: «Ha sido secuestrado por sus afiliaciones a la narco-política». Mentiras. La muerte nos llega como suspiro por la noche o igual a un calambre que asciende por los pies hasta la pelvis y que luego recorre tu hígado hasta el corazón. Kaput. El punto final. Como una escena fría. El cigarrillo en la mano te presagia la nada. El vacío. La oscuridad dentro de un abismo más bien blanco. La blancura del abismo. La voz de la bestia. La falta de fe en un trabajo que no va a ningún lado, o tan solo son los hospitales abarrotados de cadáveres, con el olor de los muertos surcando tu habitación. Un espectro parece observarte desde el pasado. Más grande que las plegarias o los sueños de amor. Te observa recostado sobre la pared blanquísima de la habitación y una fina línea de luz baja su zapato negro y de suela. Escrutas sus ojos azules y posas los tuyos sobre novelas policíacas escritas en otros tiempos. Hace frío. Está lloviendo, sí… Y luego…

III

Él lo vio de pronto: la forma del revolver, los ojos azules, los labios crispados y una herida en el corazón. Recorrió con su mirada el cuarto vacío, observó el cadáver de su hermano; frío, helado, inmaculado sobre el suelo de baldosas celestes. Era el final y el inicio de la madrugada. Las sirenas de las patrullas se escuchaban acercarse y el futuro parecía completamente imposible. Rossi se preguntó sobre el misterio, las razones. Imaginó la naturaleza de Dios y sus designios. Pensó en el cuerpo frío, la escena en carne viva, los forenses tomando muestras, los policías cercando el edifico. Pensó en el dolor. Se desdibujó de la escena. Caminó la ciudad entera buscando algún nombre, alguna pista; alguna mancha de sangre en algún pantalón desconocido, que delatara que todo había sido una trampa de suicidio. En el final de la noche, se sentó en la bancada de la rambla frente al río. Una escena en penumbras. Se acercó al filo y vio su reflejo en el agua; negro y deforme. Algo le advertía la presencia, como quien no lo desea. Sin aviso, la figura fantasmal, lo observaba a la distancia, con sus pupilas brillando entre la oscuridad. El crimen -o la venganza-, súbitamente acabaría.

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Giros nace a comienzos de 2021, cuando la primera etapa de una joven cuarentena ya había pasado y sólo quedaba la incertidumbre de ver el mundo desde nuestras pantallas, un mundo en el que todo tenía una fecha de vencimiento cada vez más corta. Con la convicción contraria de la inmediatez y a partir de las obras de artistas sin los contactos necesarios para participar en los grandes medios, Giros publica su primera edición en febrero de ese mismo año.

Fundada por Gonzalo Selva (estudiante de cine), a los pocos meses se incorporan al equipo Joaquín Montico Dipaul (oriundo de Ingeniero White) y Gala Semich Álvarez (Licenciada en Letras).

Después de un año y medio Giros construye una comunidad y brinda la posibilidad a escritores, periodistas, ilustradores, poetas, fotógrafos de publicar sus primeras (segundas, terceras y cuartas) obras.

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